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La educación superior en las elecciones primarias de EU
Roberto Rodríguez Gómez
Campus Milenio Núm 261 [2008-02-21]
 

A Greta

En Estados Unidos, la elección de los candidatos a la contienda presidencial de este año ha entrado en zona de definición. Sin duda, el representante del Partido Republicano será John McCain, salvo algún imponderable fuera de vista, aunque la moneda sigue en el aire para la formación demócrata: ¿Barack Obama o Hillary Clinton? Ambos conservan posibilidades y habrá que esperar hasta el cierre de las primarias para conocer el resultado.

En las campañas y debates de esta fase, los temas de coyuntura han ocupado el lugar central: la guerra de Irak, la recesión de la economía nacional, la inmigración, la seguridad nacional y los impuestos. En menor medida, pero también con presencia en las campañas, temas de política social como el sistema de salud pública, la política de empleo, las pensiones y otros. En cambio, el debate sobre educación, ciencia y cultura ha tenido una presencia menor, aunque no del todo ausente.

Sobre el estado actual, los retos y reformas de la educación superior estadunidense sólo se han pronunciado los candidatos demócratas. En la campaña de McCain el tema no ha sido presentado, salvo en lo que concierne a la necesidad, sentida por el candidato, de apoyar con recursos fiscales la investigación y el desarrollo tecnológico en el sector energético, con el objetivo de disminuir la dependencia externa de combustibles.

A diferencia del candidato republicano, tanto Clinton como Obama han desarrollado propuestas generales y específicas, algunas muy concretas, que atañen a la responsabilidad federal en el terreno de la educación superior. Al respecto, llama la atención, en primer lugar, un amplio grado de coincidencia en el diagnóstico de los problemas, en el acotamiento de los temas relevantes e, incluso, en la propuesta de soluciones. No obstante, hay matices que diferencian las posturas.

Puntos de coincidencia:la plataforma demócrata 2008 sobre educación superior

Hillary y Obama coinciden en subrayar la importancia de la educación superior para la competitividad y el desarrollo de Estados Unidos en los años por venir. Según Obama, “para ser exitosa en la economía del siglo XXI, la fuerza de trabajo estadunidense tiene que ser más innovadora y productiva que la de nuestros competidores. Dar a todos los norteamericanos la oportunidad de acceder, costear y ser exitosos en la educación superior es un elemento crucial para enfrentar ese reto”.

En la plataforma de Clinton se establece que “en el siglo XXI la educación superior es más importante que nunca. Hillary cree que es tiempo para un nuevo pacto con los americanos, un pacto que dé a todos los americanos deseosos de trabajar duro las herramientas que necesitan para avanzar. Su plan hará la educación superior más costeable y asequible que nunca, de modo que cada americano que tenga la capacidad académica y el deseo de hacerlo, pueda obtener un título de ese nivel”.

También coinciden en el plano de la identificación de los problemas y los límites que enfrenta el sistema en la actualidad. Así, por ejemplo:

• Los costos de la educación superior se han elevando cerca de 40 por ciento en los últimos cinco años. Entre 2001 y 2010, 2 millones de estudiantes académicamente calificados no irán al college porque no pueden pagarlo (Obama). • Sólo 7 por ciento de los estudiantes de las comunidades de menores ingresos han obtenido el grado de bachiller (BA) a la edad de 26 años (Clinton).

El 60 por ciento de todos los graduados de educación superior egresan con deuda. En promedio los egresados salen de las instituciones con 19 mil dólares de deuda (Obama).

Uno de los obstáculos más significativos para terminar el collage es su costo. En los pasados 25 años, el costo promedio de inscripción y colegiaturas ha crecido más rápido que el ingreso personal, los precios al consumidor y aún el seguro de salud. Sólo en los últimos cinco años se ha elevado 35 por ciento. Como resultado, el graduado egresa de la educación superior con una deuda de 20 mil dólares y muchos graduados con el equivalente a una hipoteca en términos de deuda (Clinton).

• Sólo 12 por ciento de los hispanos y 16 por ciento de los afroestadunidenses eventualmente conseguirán un grado de bachiller, en contraste con 33 por ciento de los estudiantes blancos. El costo creciente del college es el factor que explica esa disparidad (Obama).

• Las universidades de EU generalmente se clasificaban como las primeras en el ámbito mundial por el porcentaje de jóvenes con estudios concluidos. Hemos caído hasta el lugar diecisiete no porque nuestros jóvenes no lo intenten sino porque muchos no terminan. Hoy, 25 por ciento de los estudiantes abandonan la escuela después del primer año y, cada año, medio millón de estudiantes comienzan estudios en colegios de cuatro años y fracasan en su intento de obtener el grado en un término de seis años (Clinton).

Para los dos candidatos el problema central son las condiciones de acceso y permanencia en la educación superior, en particular, para los jóvenes de menos recursos y las minorías étnicas. La base del problema es el costo de los estudios y las perspectivas de respuesta tendrán que ser económicas. La primera cuestión a resolver se refiere, en consecuencia, a qué políticas federales es factible desarrollar para estimular el acceso y mejorar las posibilidades de permanencia y conclusión de estudios en este nivel.

Las propuestas de Obama

En resumen, Barack Obama propone las siguientes medidas económicas y administrativas: simplificar el proceso de solicitud de ayuda financiera; implantar un nuevo programa de estímulo fiscal, denominado “Oportunidad americana”; ampliar el programa de Becas Pell para estudiantes de bajos ingresos, y eliminar el subsidio bancario del programa de becas educativas para las familias.

El senador Obama hace notar que el proceso de solicitud de apoyo financiero a través de créditos fiscales es, en la actualidad, complicado y burocrático que ocasiona que una proporción importante de jóvenes elegibles o bien desistan de cumplir el trámite, o bien sean rechazados en algún punto del mismo. Además, generalmente la autorización se recibe con posterioridad a la inscripción en el colegio o universidad y debe emprenderse un nuevo procedimiento para la devolución del gasto erogado.

Para simplificar la tramitación, la propuesta del candidato consiste en eliminar el formato de solicitud del crédito fiscal para educación superior —la forma Free Application for Federal Student Aid, que contiene más de un centenar de preguntas sobre ingresos, gastos e impuestos pagados por la familia de los estudiantes o por ellos si son independientes- y sustituirla por el marcado de una sola casilla en el formato general de devolución de impuestos—. Al marcar dicha casilla se autorizaría al Departamento del Tesoro y al Departamento de Educación a utilizar la información fiscal del solicitante. El procedimiento tendría validez para la solicitud tanto del programa federal de Becas Pell, como para las solicitudes de crédito fiscal administradas por la Tesorería: programa HOPE y programa Lifetime Learning. Además, se anticipa, las aprobaciones serían dadas a conocer previas al periodo de inscripciones en colegios y universidades.

Además Obama está proponiendo una nueva vía, el programa “Oportunidad americana”, el cual, señala, tendrá carácter universal y completamente reembolsable, asegurará que los primeros 4 mil dólares para educación superior sean gratuitos para la mayoría de los estudiantes, y cubrirá dos tercios del costo de la matrícula en el promedio de los colegios y universidades públicas.

Con respecto de las Becas Pell, principal instrumento de equidad social en la política federal de educación superior, Obama hace notar que éstas han perdido su poder adquisitivo: de 55 por ciento del costo de carreras de cuatro años a principios de los años noventa a 32 por ciento en la actualidad. Propone aumentar el monto de las becas, lo que posibilitaría, a su juicio, mejorar las posibilidades de acceso de los grupos sociales desfavorecidos. Por último, propone eliminar el subsidio a los bancos para la administración del Programa Federal de Becas Educativas para la Familia, y en su lugar extender el programa de Préstamo Directo que no requiere intermediación bancaria.

Aparte de las propuestas económico-administrativas, que ocupan la mayor parte de la plataforma del candidato sobre educación superior, se presentan otras iniciativas de reforma: el programa evaluación temprana, que consiste en pruebas para que los estudiantes de educación media conozcan con antelación si cumplen con el nivel académico exigido para ingresar a colegios y universidades, y el programa de Alianzas con Colegios Comunitarios, que daría recursos a las instituciones comprometidas en mejorar su eficiencia terminal y en adecuar su perfil curricular a las necesidades de la industria local.

Las propuestas de Hillary

Al igual que Obama, la senadora demócrata propone crear un nuevo crédito fiscal, en su versión por 3 mil 500 dólares para los primeros dos años de estudios, incrementar el monto máximo de las Becas Pell, y destrabar la burocracia del proceso de solicitud de ayuda financiera mediante crédito fiscal. Su iniciativa de simplificación administrativa es básicamente la misma que la de Obama, por lo cual no es necesario extenderse en ella.

En cambio, propone un mecanismo para la eventual disminución de cuotas y colegiaturas a través de reglas de plena transparencia: hacer que todos los colegios y universidades publiquen información verídica sobre estos conceptos e instrumentar un procedimiento (una calculadora en línea) para que las familias y los estudiantes puedan estimar el costo real y total de la educación superior en la universidad y carrera de su preferencia.

Además, indica, se desarrollarán y publicarán indicadores de eficiencia terminal por universidad y carrera, así como un “índice de empleabilidad” de los egresados para que los estudiantes realicen un cálculo de costo-beneficio ajustado a las expectativas de colocación laboral e ingresos en los distintos niveles, modalidades, carreras y programas.

También propone una iniciativa —fundamentalmente persuasiva— para que las universidades de élite amplíen sus programas de acceso a grupos en condición de pobreza y minorías étnicas. Su argumento es que estas instituciones deberían utilizar parte de sus fondos patrimoniales (endowment) en programas con enfoque social, aunque no descarta la opción de estimular con instrumentos fiscales esta estrategia.

Por último, al igual que el candidato Obama, Hillary propone colocar recursos en el sistema de colegios comunitarios para mejorar su eficiencia terminal, estimular la movilidad de egresados hacia programas universitarios, y crear opciones de reforma curricular que actualicen la relación entre la oferta educativa de los colegios y las actuales demandas del sector productivo.

Las omisiones

El interlocutor de ambos candidatos es el electorado estadounidense. Por ello las propuestas están sobre todo centradas en el bolsillo del consumidor, antes que en cualquier otro objetivo. No es de extrañar, a estas alturas, que prácticamente todos los temas de la agenda internacional de cambio universitario estén ausentes. Lo que se debate, por ejemplo, en el Espacio Europeo de la Educación Superior, las recomendaciones de la OCDE, o el enfoque intercultural de UNESCO, tienen presencia. Ni el gran discurso de la sociedad del conocimiento, la ciudadanía planetaria, el compromiso con el medio ambiente, la educación para la paz y la tolerancia forman parte del debate. Por ahora el pequeño discurso de los centavos. He ahí el dilema.


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