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Se necesitan 117,110 alumnos más por año para alcanzar cobertura de 30% en educación superior
Roberto Rodríguez Gómez
Campus Milenio Núm 222 [2007-05-03]
 

"No tenemos tiempo que perder y yo quiero refrendar mi compromiso con las metas que ha hecho la ANUIES, me interesa que podamos planear una estrategia para alcanzar ese 30 por ciento de cobertura que ustedes han establecido", señaló el presidente Felipe Calderón Hinojosa en reunión con los integrantes del Consejo Nacional de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de la Educación Superior (ANUIES) el 12 de septiembre de 2006. Meses atrás, en el contexto de la XXXVIII Asamblea General de la Asociación (Veracruz, 31 de mayo, 1 y 2 de junio de 2006), dedicada a la presentación de las propuestas educativas de los candidatos a la presidencia, el actual Primer Mandatario, había expresado su voluntad de asumir e impulsar dicha iniciativa.

Sin embargo, ni en junio ni en septiembre de 2006 se sabía con precisión el significado de la meta en términos de la cantidad de matrícula necesaria de incorporar al sistema para alcanzar una tasa de cobertura de esa magnitud. Para acabar pronto, apenas esta semana, mediante la publicación de las "Nuevas proyecciones de la población 2006-2050 basadas en el Conteo de 2005" en el portal del Consejo Nacional de Población (CONAPO) (www.conapo.gob.mx), se cuenta con el marco demográfico requerido para ponderar en su justa dimensión el tema de la cobertura educativa.

Antes de comentar el significado de los datos CONAPO para el sector de educación superior, es de interés recapitular sobre los antecedentes inmediatos. En particular acerca del grado de incertidumbre causado por las discrepancias entre distintas fuentes oficiales de la demografía del país en el pasado reciente.

La dificultad de estimar la cobertura educativa sin un marco demográfico confiable

Las proyecciones de población del CONAPO publicadas en el 2000 estimaban que en 2005 la población del grupo de edad de 19 a 23 años a mitad de ese año ascendería a 10,301,520 individuos, y que en el año 2012 el volumen de población del mismo grupo sería de 10,661,839 personas, es decir 360,319 más. La proyección establecía para este segmento de población una tasa de crecimiento medio anual de 0.49 por ciento en el periodo.

Posteriormente, el II Conteo de Población y Vivienda (INEGI, 2005) reportó un total de 9,059,384 jóvenes de la misma edad en 2005. Esta cantidad incluye la corrección propuesta por el INEGI para enmendar el error de subnumeración del ejercicio censal, pero no incorpora al número proporcional de individuos de quienes no se recogió información de edad. Con el ajuste correspondiente, el total se eleva a 9,305,971 personas. Aún así, la diferencia entre la proyección del CONAPO y el dato censado por el INEGI lucía monumental: casi un millón de individuos menos que los proyectados.

La discrepancia llevó a corregir los datos de cobertura de la SEP. Hasta 2005 inclusive, con base en las proyecciones CONAPO, se consignaba el dato de 23.1 por ciento de cobertura incluyendo la matrícula de posgrado. Sin incluirla, la tasa de cobertura decaía a 21.7 por ciento. En cambio, en el VI Informe de Gobierno (2006), con base en los resultados del II Conteo y mediante el ajuste denominado "conciliación demográfica", se afirmó: "en el ciclo escolar 2005-2006 la cobertura de la educación superior en su modalidad escolarizada más la no escolarizada, fue de 25.2 por ciento del grupo de edad de 19 a 23 años."

Un problema nada sencillo de resolver se identificó al comparar los datos del Conteo 2005 con los correspondientes al XII Censo General de Población y Vivienda de 2000. Según el Censo, ese año la población de 19 a 23 años ascendía a 9,246,666 individuos, ya hechas las correcciones por subnumeración y por ausencia de registros de edad. El problema: la diferencia entre este dato y el del Conteo 2005 es tan corta, que compromete la posibilidad de discernir una tendencia de crecimiento del grupo de edad para los próximos años.

Por ello, la meta de cobertura propuesta por la ANUIES, enunciada en "Consolidación y avance de la educación superior en México. Elementos de diagnóstico y propuestas" (noviembre de 2006), tomó las precauciones del caso al especificar como objetivo "que en el 2012 la cobertura nacional en educación superior (sin contar posgrado) alcance, al menos, un nivel equivalente al 30% del grupo de edad entre 19 y 23 años, a la vez que en la mayoría de los estados la tasa de cobertura sea superior al 25%, y en ningún caso inferior al 20%. Para alcanzar ese umbral se estima que la matrícula correspondiente, a nivel nacional, deberá llegar a tres millones de estudiantes al término de la próxima administración." (pág. 70). La aproximación, como se verá en seguida, no estaba muy equivocada.

¿Qué implican las nuevas proyecciones de población para la educación superior?

La reciente difusión de proyecciones demográficas para 2006-2050 cubre una laguna de información elemental. Los indicadores de crecimiento poblacional, así como los datos puntuales del comportamiento demográfico durante los años del sexenio son, además de un insumo indispensable del Programa Nacional de Población 2007-2012, el referente cuantitativo de las metas de prácticamente todos los programas sectoriales. La educación, desde luego, no es la excepción.

El debate sobre la cobertura social de la educación superior incluye, entre muchos otros aspectos, consideraciones metodológicas acerca de las formas de medición y los datos de referencia. Al respecto, el indicador más generalizado es la denominada "tasa bruta de cobertura de la educación superior" (TBCES), de uso común en registros y estudios comparativos de alcance nacional e internacional. La TBCES se define generalmente como la proporción entre la matrícula total y la población en la edad escolar típica.

Con todo y ser un indicador indispensable, la TBCES tiene sus bemoles. En primer lugar, establece una comparación proporcional entre segmentos cuya relación de inclusión es imperfecta, básicamente porque la matrícula de educación superior se compone tanto de estudiantes dentro del rango de edad correspondiente como de alumnos menores o mayores. En segundo lugar, al ubicarse el indicador en series de tiempo, sus valores son muy sensibles a cambios en la dinámica de población. El crecimiento del grupo de edad es un factor que modula, en buena medida, el comportamiento del indicador. Al grado que, en fases demográficas decrecientes -como la que actualmente vive la población infantil de México-, el crecimiento de la tasa bruta de cobertura ocurre sin necesidad que el sistema educativo se expanda.

Con esas precauciones, vamos a los datos. De acuerdo a la nueva información del CONAPO, la población 19-23 para 2006 consta de 9,743,372 jóvenes. Este dato, relacionado con la información del ciclo escolar 2005-2006, según el cual la matrícula de educación superior asciende a 2,446,726 estudiantes contando posgrado, o a 2,292,819 alumnos sólo en los niveles de técnico superior y licenciatura (Sistema Educativo de los Estados Unidos Mexicanos. Principales cifras, SEP, marzo de 2007), nos arroja, como primer resultado firme que la actual tasa de cobertura es de 25.1 por ciento incluyendo al posgrado, o de 23.5 por ciento sin contar posgrado. Ese es el punto de partida.


Cuadro 1

Para que en 2012 se llegue al 30 por ciento de cobertura, se requiere alcanzar una matrícula del orden de 2,995,481 estudiantes, lo que implica la incorporación de 117,110 alumnos por año si se toma como referente la matrícula de técnico superior y licenciatura en 2006. Ya decidirá el programa sectorial educativo si incorpora la meta ANUIES tal cual, es decir, limitada a estudiantes de técnico superior y licenciatura, o si suma a la cuenta a los inscritos en programas de posgrado. Ese es el punto de llegada.

Por ahora nada más una probada. Resta por analizar la distribución territorial de la demanda por estados, municipios y ciudades. Un ejercicio de esa naturaleza, que por ciento ya propuso la ANUIES a la SEP, hoy es indispensable para diseñar escenarios deseables y factibles, así como para tomar las decisiones que, efectivamente, conduzcan a mejorar la cobertura de la educación superior en México. Hay que hacerlo.


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