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Reforma universitaria en Francia se rompe "tabú de selectividad"
Marion Lloyd
Campus Milenio Núm. 743, pp. 8-9 [2018-02-22]
 

Después de meses de debate y protestas callejeras, el parlamento francés ha aprobado una controvertida reforma de acceso universitario, que busca reducir las altísimas tasas de deserción estudiantil y fortalecer a las universidades públicas. Actualmente, seis de cada 10 estudiantes franceses abandonan la universidad después del primer año. A su vez, los presupuestos universitarios no han crecido al ritmo de la población estudiantil, llevando a alarmantes niveles de hacinamiento en las aulas, entre otros problemas.

La llamada “Ley de Orientación y Éxito de los Estudiantes”, que fue aprobada el 15 de febrero por una comisión mixta de diputados y senadores, busca cambiar ese panorama al eliminar el sistema de sorteo al azar en las carreras más demandadas. En su lugar, establece un nuevo sistema de acceso, que incluye un “acompañamiento vocacional”, para ayudar a los estudiantes a escoger carreras que mejor representan su perfil. No obstante, las universidades tendrán la última palabra sobre quién ingresa en caso de una sobredemanda —un hecho que los críticos han tachado de “selección disfrazada”.

La reforma incluye una inversión de casi mil millones de euros (USD$1.2 mil millones) durante los 5 años restantes del gobierno de Emmanuel Macron. Se destinarán 500 millones de euros para crear nuevos programas en las universidades públicas y otros 450 millones para abrir 130 mil lugares adicionales en las carreras más concurridas, como deportes, derecho y psicología. También se construirá 60 mil espacios nuevos en los dormitorios estudiantiles para reducir el costo de alojamiento.

La inversión llega después de años de estancamiento en el gasto público, a pesar del gran crecimiento en la población estudiantil, que rebasó los 2.6 millones en 2016-2017, según cifras gubernamentales. La reforma ha sido altamente polémica por terminar con “el tabú de selectividad”. Para los críticos, que incluyen los partidos de izquierda y los mayores sindicatos estudiantiles y académicos, la ley atenta contra uno de los principales logros de la Revolución Francesa: el acceso universal y gratuito a las universidades. Durante el debate parlamentario, los legisladores de la izquierda acusaron a sus colegas de derecha de intentar imponer “una reforma ideológica” e instaurar “una barrera social para cientos de miles de estudiantes”, según los medios franceses. Mientras tanto, los proponentes de la reforma insistieron en que pone fin a “la selección por fracaso”, ya que incluye programas de acompañamiento y tutorías para los estudiantes. La ley se aprobó por un voto de 49 a 13, con algunas abstenciones.

Entre los opositores más férreos a la reforma están el principal sindicato de estudiantes, la FAGE, y el Sindicato General de Educación Nacional (SGEN-CFDT), que han organizado grandes protestas desde noviembre. Antes del voto parlamentario, la FAGE amenazó con usar “todos los métodos necesarios, incluyendo la movilización”, para frenar la reforma. El grupo estudiantil objetó en particular un artículo de la ley, que instruye a las universidades a fijar el cupo de las carreras en función del nivel de inserción laboral de sus egresados.

“Los legisladores han olvidado la principal misión de las universidades: la transmisión, conservación y producción de saberes”, dijo la FAGE en un comunicado publicado el 16 de febrero. “En un momento en que la sociedad está en plena mutación y donde nuevos negocios se desarrollan constantemente, fijar las cohortes de estudiantes en función de la posibilidad de inserción profesional dentro del contexto francés es una herejía”.

Bajo el sistema actual, los egresados del nivel media superior tienen garantizado un lugar en las universidades públicas. Sólo deben aprobar el examen de egreso del bachillerato—conocido como el baccalauréat (o bac, en corto)—, sin importar el puntaje que obtienen. El examen, que fue introducido por Napoleón en 1808, se ha convertido en el símbolo más visible del principio francés de “educación para todos”, en contraposición al sistema selectivo y caro de Inglaterra.

El modelo ha sido sumamente exitoso en promover el acceso a la universidad, como lo demuestra el 80 por ciento del grupo de edad que ingresa a la educación superior. Sin embargo, sólo 27 por ciento de los estudiantes franceses logran obtener su título después de los 3 años reglamentados, y otro 12 por ciento se gradúan después de 4 años. El 61 por ciento restante abandona la universidad o cambia de carrera, según University World News. Tal tasa de deserción es parecida a la de Argentina, otro país que garantiza el acceso a la universidad pública. Sólo 3 de cada 10 estudiantes argentinos terminan la universidad, comparado con 5 en Brasil y 6 en Chile, según un estudio reciente del Centro de Estudios de Educación Argentina (CEA).

Bajo el nuevo sistema, los estudiantes del último año del bachillerato (lycée en francés) trabajarán con un asesor para diseñar una propuesta de carrera y plan de trabajo post-universitario. La escuela mandará después las propuestas a las universidades, las cuales determinarán si el estudiante es aceptado, aceptado con condiciones o rechazado. En el segundo caso, el estudiante tendrá que cursar un año propedéutico antes de ingresar a la universidad. A su vez, se reduce el máximo de solicitudes que pueden llenar los estudiantes de 24 a 10. La ley también disminuye la contribución anual que deben hacer los estudiantes al sistema de seguro social francés, de 217 euros a 90.

Para los críticos, el nuevo sistema tendrá fuertes repercusiones en términos de equidad social. “Amenaza el acceso gratuito a la educación superior para toda una generación”, dijo la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF), después del anuncio de la reforma en noviembre pasado. El grupo acusó al gobierno de querer “cerrar las puertas de las universidades” y de imponer cupos para “controlar el flujo”.

El grupo, junto con otros sindicatos y organizaciones de padres de familia, ha organizado manifestaciones en París y otras ciudades en contra de la reforma. En una protesta del 31 de enero, unos 2 mil 500 estudiantes y académicos se juntaron en frente de la Sorbona, la universidad más famosa del país, en donde se enfrentaron con policías. Los manifestantes cargaron pancartas con el lema “no a la selección” y “tengo mi bac, yo escojo mi fac”, en referencia al requisito para entrar a las facultades universitarias.

Por otro lado, la Conferencia de Presidentes Universitarios (CPU) alabó el plan como “valiente”, según reportó University World News. Las universidades “están listas para enfrentar el reto de esta reforma y así poner fin al intolerable sistema de doble selección, por lotería y por fracaso”.

Por su parte el Ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, negó que el nuevo sistema introduzca el principio de selectividad en las universidades públicas. “No tengo, y nunca he tenido miedo a la palabra ´selección´, pero eso no es lo que estamos proponiendo”, dijo a principios de noviembre. “Entre la selección brutal y el sistema de lotería, existe un rango de soluciones más flexibles y humanos”.

La reforma también busca atender otros problemas que afectan al sistema. En 2016, entraron 65 mil estudiantes adicionales a las universidades, el mayor incremento en décadas. Con ello empeoró el problema del hacinamiento en las aulas. Los estudiantes respondieron con una campaña en las redes sociales bajo el hashtag #MaSalleDeCoursVaCraquer (Mi aula está a punto de explotar), en donde subieron fotos de estudiantes sentados en los pasillos en la Sorbona y otras universidades. Un profesor de la prestigiada Universidad Sciences Po describió cómo los estudiantes duermen en la biblioteca para poder reservar un asiento en sus clases. El profesor, que fue entrevistado por el periódico inglés The Local, estimó que unos mil quinientos alumnos compiten por 300 asientos.

Tales condiciones también han impactado negativamente en las percepciones sobre las universidades francesas en el extranjero. En 2016, el país se colocó en último lugar de satisfacción estudiantil en la encuesta realizada en 18 países europeos por el sitio Web StudyPortals.com. Los estudiantes extranjeros también se quejaron del exceso de burocracia, la excesiva carga de trabajo y la poca flexibilidad de los administradores y maestros.

Otro problema citado con frecuencia es la fuerte polarización del sistema francés. Por un lado, existen unas 70 universidades públicas, que están abiertas a todos. Y por otro, está el subsistema de las Grandes Escuelas (Grandes Écoles), que son altamente selectivas y reciben subsidios gubernamentales muy por arriba de las demás IES públicas. A su vez, sus egresados ocupan las posiciones de mayor poder en el país —incluyendo la presidencia. Aunque sólo 5 por ciento de los universitarios franceses estudian en estas instituciones, éstos representan 84 por ciento de los ejecutivos de las primeras 40 empresas, según la revista Slate. En contraste, 10 por ciento de los ejecutivos de las primeras 100 empresas de Estados Unidos son egresados de las universidades Ivy League.

Por otro lado, la falta de apoyos para las universidades públicas ha afectado su posición en los ranking internacionales. Sólo una institución francesa, Paris Sciences et Letres, figuró entre las primeras 100 lugares en el último ranking del Times Higher Education (la universidad se ubicó en el lugar 72).

En 2016, se aprobaron 100 millones de euros adicionales para fortalecer a las universidades públicas. Sin embargo, fue poco dinero ante tanta necesidad. La nueva reforma pretende inyectar una cantidad inédita de fondos, además de reestructurar el sistema para el mejoramiento del aprovechamiento de los recursos disponibles. Actualmente quedan unas 137 mil vacantes al año en carreras con menor demanda, según la ministra de educación superior, Frédérique Vidal.

La ministra también ha impulsado una mayor inversión en ciencia y tecnología a través de un incremento presupuestal de 6 por ciento para 2018. El gobierno planea invertir otros 2.4 mil millones de euros en la investigación científica durante los próximos 5 años, según la revista Nature.

A pesar de tales inversiones, la reforma universitaria aún enfrenta fuerte resistencia. Se esperan más movilizaciones en las siguientes semanas, cuando se eche a andar el nuevo sistema en las escuelas. Pero, al parecer, la selectividad ya es un hecho en la educación superior francesa.


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