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Dos puntos de vista: Crisis y riquezas de la universidad pública
Humberto Muñoz García
Campus Milenio Núm. 743, pp. 5 [2018-02-22]
 

En estos días, he leído dos textos que me llamaron la atención. Uno es resultado de una conferencia de Michael Burawoy, ex-presidente de la Asociación Internacional de Sociologia. Burawoy sostiene que existen universidades públicas, en varias partes del mundo, que se encuentran en crisis. El profesor Buroway señala cuatro tipos de crisis, que se manifiestan de manera distinta y en diferente grado. Voy a exponer, en mis términos, un resumen de sus reflexiones:

1.Financiera, ya que, en muchos lados, la universidad ha dejado de ser un bien público y está inmersa en el mercado tratando de financiarse con base en los estudiantes, considerados consumidores de servicios educativos, y con base en la mercantilización del conocimiento. Los gobiernos han reducido la carga educativa en el presupuesto nacional y ello repercute negativamente en las instituciones, y en las familias que se endeudan para pagar la educación de sus hijos.

2. Hay una crisis de gobierno en las universidades, que plantea una disyuntiva: funcionar como una agencia corporativa dominada por la burocracia o mantener un sistema donde predomine el dialogo y la reflexión en los cuerpos colegiados, en los que están representados académicos y estudiantes. En esta última forma de gobierno, se abre la participación en la política académica de la institución. En los cuerpos colegiados se llega a acuerdos, que promueven cambios sin romper la estabilidad. El modelo corporativo resta fuerza al modelo de gobierno compartido.

3. Una vez que la universidad entra al capitalismo académico, y deja atrás su carácter público, reduce su compromiso social, pierde legitimidad y se resta autonomía. La pérdida de autonomía pone en jaque a la libertad de cátedra y de investigación.

4. Cuando los principios históricos de la universidad se ponen de lado por intereses económicos y políticos centrados en valores como la eficiencia, la eficacia, la pertinencia y la productividad, profesores, investigadores, estudiantes y trabajadores desdibujan su identidad institucional y accionan desorientados. Se preguntan qué es la universidad. La pérdida de identidad, siguiendo a Castells, evita la expresión colectiva, en este caso de los académicos, y fomenta el individualismo.

De acuerdo con Burawoy, estas cuatro dimensiones de la crisis están interrelacionadas. Los instrumentos de la teoría sociológica son útiles para analizarlas y conocer cuáles están o no presentes en una realidad como la mexicana. Los señalamientos de Burawoy, al menos, nos incitan a preguntarnos hacia dónde se dirigen las universidades, en qué se están convirtiendo, en lo que va de este siglo, y, en su caso, cómo podemos enfrentar cuestiones tan importantes como las que menciona el profesor de Berkeley.

En segundo lugar, haré referencia al libro de Haskel y Westlake (2017) “Capitalismo sin capital”. Un punto central de este libro se refiere a que las compañías más exitosas están construidas con activos intangibles, códigos computacionales o servicios via internet. Este tipo de empresas son las más costosas a nivel mundial.

Los autores hacen hincapié en que las compañías basadas en el conocimiento crean valor dando prioridad a la lealtad, productividad y satisfacción de sus empleados. Ante todo, a los trabajadores les gusta lo que hacen, se les ofrecen oportunidades para avanzar y superarse en su actividad. Se trata de empresas que siguen, según ellos, un patrón establecido por las mejores universidades del mundo.

Este libro deja muchas ideas sobre la importancia que tienen las universidades en los sectores de punta del sistema productivo y el papel extraordinario que juegan académicos y estudiantes en los avances sociales. Enseña, asimismo, que los valores universitarios son fundamentales en la sociedad del siglo xxi. Y, también, permite sugerir, pensando en México, que es de primera importancia cuidar a las universidades públicas y estimular su desarrollo bajo patrones que permitan aprovechar mejor a su planta académica, sin ataduras y evaluaciones burocráticas, como hasta ahora. En México, a pesar de los obstáculos, la sociedad valora positivamente a la universidad pública, lo que es un signo positivo de que está cumpliendo su labor.

El libro de referencia, invita a pensar cómo pasar a otra etapa del desarrollo institucional en la que los académicos de las universidades públicas sean considerados “como activos estratégicos”, o más bien como personas que poseen riquezas para enriquecer a otras personas, para sanear a una cultura, como la mexicana, que ha resultado muy dañada por la violencia.

De aquí para adelante, nos queda una enorme tarea para respaldar a la universidad pública. Resolver dilemas, tensiones y contradicciones que están presentes en nuestras instituciones, porque seguir con una lógica inercial impedirá aprovechar las riquezas que tenemos. Asimismo, hay que reflexionar para quién y para qué son las universidades públicas, sugerir puntos y contenidos para nuevas políticas públicas. Y, finalmente, es primordial discutir cómo le volvemos a dar sentido a lo público y el papel que debe tener la universidad en el espacio público nacional para construir un nuevo modelo de desarrollo.


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Last modification: April 28 2016 13:39:11.  

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