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Cobertura. Primera parte
Roberto Rodríguez Gómez
Campus Milenio Núm 178 [2006-05-25]
 

Aparentemente el dato de cobertura es uno de los de más fácil construcción en el universo de los indicadores de la educación superior. Se trata de una simple división entre población atendible (numerador) y población atendida (denominador). El cociente de cobertura en educación superior considera dos datos gruesos: la población escolar total de un año dado (numerador) y la población correspondiente al grupo de edad típico (19 a 23 años) del mismo año. El número resultante suele denominarse "tasa bruta de cobertura", dado que se reconoce que el numerador contiene estudiantes de la edad típica, pero también una proporción de jóvenes de menos de 19 años y otra de mayores de 23.

La interpretación común del dato se presenta en enunciados del tipo "aproximadamente el 23 por ciento de los jóvenes accede a estudios universitarios", o su contrario "más del 75 por ciento de los jóvenes no tiene acceso a la educación superior". Es más, se ha vuelto frecuente la comparación internacional, así como el contraste entre los estados de la República como medida de la distribución territorial de oportunidades educativas.

Pese a su sencillez, la correcta estimación del indicador de cobertura enfrenta serias dificultades y problemas. Algunos provienen de la calidad de los datos de población, a los que denominaremos "problemas del denominador", y otros, que podemos llamar ´problemas del numerador¡ están relacionados con el cálculo de matrícula en el nivel.

Para comenzar ¿cuál es la población del rango de edad 19-23? Veamos el año 2000, último registro censal. Según los resultados definitivos del XII Censo General de Población y Vivienda, en 2000 habría exactamente 9,055,559 jóvenes en ese intervalo de edad. Pero, de acuerdo a las proyecciones demográficas del Consejo Nacional de Población, que corrigen los problemas de subnumeración del Censo, dicha población alcanzaba la cifra de 9,987,117 (población a mitad del año 2000). Esto significa una discrepancia, nada despreciable, de casi un millón de personas.

Es obvio decir que la fuente de datos de población que se use modifica sensiblemente la magnitud del indicador. Según la SEP, en el ciclo 1999-2000, que correspondería a la temporalidad del censo, se encontraban inscritos en el nivel superior 1,844,300 estudiantes. Esta cifra no incluye a la matrícula de posgrado. Si se calcula la tasa bruta de cobertura con base en el dato censal, se obtiene un registro de 20.3 por ciento. Si, en cambio, se acude a la proyección CONAPO, la tasa decae a 18.5 por ciento ¿cuál es el mejor dato?

Vamos ahora al año 2005. Para éste también contamos con dos diferentes parámetros. El del II Conteo de Población y Vivienda 2005 del INEGI y, de nueva cuenta, las proyecciones CONAPO para ese año. Según el Conteo, en 2005 habrían unos 9,793,000 jóvenes de 19 a 23 años, poco más o menos. Según la proyección CONAPO la cifra sería, en cambio, de 10,301,520. Al calcular la tasa de cobertura bruta sobre el dato de matrícula del año 2004-2005, de nueva cuenta excluyendo a los inscritos en posgrado, se tendría, respectivamente, 22.8 por ciento si se usa el dato del Conteo 2005, o 21.7 por ciento con base en las proyecciones del Consejo Nacional de Población.

Para aumentar complejidad al panorama, tómese en cuenta que la SEP, al calcular el indicador de cobertura, suma a la matrícula de técnico superior universitario (TSU) y licenciatura la inscripción en posgrado, aun cuando la gran mayoría de estudiantes en ese nivel rebasan el límite de 23 años considerado en el numerador de la tasa. Al agregar más de 150 mil estudiantes al parámetro de matrícula, se alcanza la cifra oficial vigente: 23.1 por ciento en 2005, considerando como denominador el dato proyectado por CONAPO.

¿Qué ocurre si queremos conocer la tasa neta de cobertura, es decir la proporción de jóvenes de 19 a 23 años cumplidos que efectivamente están inscritos en instituciones de enseñanza superior? Para acabar pronto, no existe esa información contabilizada de manera exacta, aún cuando podría darnos una mejor aproximación al tema de las oportunidades de acceso a la educación superior. Algo se puede hacer, no obstante, con la información censal y datos de las Encuestas Nacionales de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH). A eso vamos la semana próxima.


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