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Universidad pública: Tres asuntos de cuidado
Humberto Muñoz García
Campus Milenio Núm. 694, pp. 6 [2017-02-23]
 

1. ¿Qué presiones pueden presentarse para influir en la marcha de la educación superior? En la coyuntura actual, las políticas oficiales posiblemente volverán a insistir en la desregulación del sector educativo, la privatización y la reducción del financiamiento público, como parte de la solución al alto endeudamiento del gobierno. Eso incluye favorecer algo semejante a lo que se conoce como vouchers, lo que ya se ha discutido en México, tras bambalinas.

Como se recordara, en este sistema, el gobierno entrega vales a cada estudiante por un monto que cubre el gasto de su educación, en un dado período, a fin de que él o sus padres escojan la escuela de su preferencia. Esto es, el subsidio va directamente al individuo y lo vuelve consumidor. Es interesante observar que este enfoque político puede cobrar fuerza, cuando muchos pensaban que estaba agotándose. Contiene medidas que ahora se acomodan bien al gobierno de Trump.

Es un enfoque que incentiva la competencia entre las instituciones para allegarse estudiantes, pues su sobrevivencia está ligada a lo que éstos aporten con su vale. Por lo general, la gente elige escuelas privadas, pues se publicita que lo privado es de mejor calidad que lo público. Esta política, se sabe, termina por tener impacto sobre el diseño curricular, la administración y el manejo académico; provoca que las instituciones se orienten por las demandas del mercado laboral. Los universitarios estamos comprometidos a cuidar que el futuro de las nuevas generaciones y el porvenir de las universidades públicas no se rija por criterios de mercado.

2. Esta visión política de la educación superior, contra su carácter público, se ha aplicado en muchos países. Destacan los casos de Inglaterra, Irlanda, Holanda, Estados Unidos y Suecia. En América Latina, el caso ejemplar es el de Chile. Los análisis de tal política, con sus variantes nacionales, muestran su fracaso.

No hay evidencias de que la privatización, el aumento de cuotas y el predominio del mercado, en este nivel educativo, hayan producido mejoría académica. Lo que sí, han generado movimientos estudiantiles de consideración política. A mí me parece que la situación nacional no admite más tensiones de magnitud imponderable, tratándose de los jóvenes estudiantes. Más bien, hay necesidad de fortalecer la investigación en las universidades públicas, entre otras cosas, para mejorar la calidad de la docencia y, además, ampliar la cobertura.

Asimismo, dicha visión conlleva medidas de evaluación al desempeño académico que han provocado un malestar creciente entre investigadores y profesores. ¿La razón? Ponen énfasis en la cuantificación de las publicaciones académicas. A las actividades docentes y de difusión no se les reconoce la relevancia que tienen. Necesitamos cuidar que exista un mejor y mayor desempeño. Para lograrlo, la universidad requiere analizarse a sí misma, para promover, con responsabilidad, las relaciones de colaboración entre los académicos y entre éstos y los estudiantes.

3. En nuestro país han ocurrido y seguirán habiendo grandes cambios sociales, que tienen que ver, en parte, con la enorme dependencia que construimos con EU y con la necesidad de enfrentar los problemas ligados a la pobreza y el hambre, cuya solución es impostergable. Igualmente, para recomponer la sociedad y el Estado, necesitamos superar la profunda anomia que se apoderó de nosotros, renovar la cultura y la identidad nacional, las normas democráticas. Dejamos de lado la justicia social, muchos compatriotas se fueron al norte y ahora debatimos cómo se van a regresar y su impacto sobre la desigualdad.

Desde la UNAM, hemos señalado que es indispensable que en México se ponga en marcha un nuevo curso de desarrollo, que vaya más allá de lo económico, porque nuestros problemas rebasan esta esfera de la realidad. Y para ello, en las universidades públicas, se requiere, en primer lugar, darle su debida jerarquía a las humanidades y a las ciencias sociales, confrontar los problemas que tienen para desarrollarse, elevar su prestigio y su rango frente a quienes las ponen al margen, y eliminar la hostilidad política que tienen a este tipo de trabajo académico las burocracias, internas y externas, y hasta los colegas de otras disciplinas.

Porque, a querer o no, para que México vaya adelante es menester el concurso de humanistas y científicos sociales, organizados adecuadamente para que trabajen en agrupaciones multidisciplinarias, en seminarios, programas, áreas, equipos, etcétera. Asimismo, darle prioridad a tejer redes con colegas de otras instituciones universitarias para recoger la visión nacional que sale de distintas partes del país, ligada a los problemas locales. También, realizar constantemente nuevos proyectos de investigación que recojan información original y dejar de escribir solo para colegas. El conocimiento que se produce en estas áreas tiene que comunicarse a los diversos públicos que nos siguen en la sociedad. Los investigadores de humanidades y ciencias sociales tenemos la responsabilidad de comunicarnos con ellos. La universidad debe estimular el papel de los investigadores como intelectuales que impulsen decididamente una transformación cultural y que coadyuven a regenerar la esfera pública.


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Last modification: April 28 2016 13:39:11.  

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