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Críticos de los MOOC se rebelan ante Wal-Mart U
Marion Lloyd
Campus Milenio Núm. 514 [2013-06-13]
 

Debió haber sido motivo de celebración. En mayo, la Universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) marcaron el primer aniversario de su compañía edX, y con ello, su incursión en la incipiente revolución de los Cursos Masivos Abiertos en Línea (MOOC por sus siglas en inglés). Sin embargo, después de haber logrado un crecimiento espectacular, con más de dos millones de usuarios registrados desde que la primera compañía se lanzó al mercado en febrero de 2012, el modelo de los MOOC está enfrentando su primer gran reto: la oposición de los propios profesores. Mientras que en algunas universidades los profesores han votado en contra del desarrollo de los cursos masivos, en otras, como Harvard, están exigiendo un mayor control sobre el proceso.

El cambio de actitudes se debe al giro repentino en el uso de los MOOC en los últimos meses. El modelo fue concebido como una forma de democratizar el acceso al conocimiento a través de cursos masivos gratuitos en línea, pero pocos pronosticaron que remplazaría a corto plazo al modelo presencial. No obstante, en febrero la Universidad Estatal de San José, en California, anunció que otorgaría crédito académico por tres materias impartidas en conjunto con Udacity, una de las compañías pioneras de los MOOC, para después ampliar la oferta en esta modalidad.

El rector, Mohammad H. Qayoumi, justificó la estrategia como una forma económica y eficaz de resolver el problema de sobredemanda para las materias básicas en la universidad. Al igual que las demás universidades estatales, San José está enfrentando fuertes recortes presupuestales. Para los profesores, sin embargo, el anuncio representó una amenaza para su propia existencia dentro de la institución y para las instituciones de educación superior en su conjunto. "No nos engañemos; los administradores de CSU [California State University] están empezando el proceso de reemplazar a los profesores con educación barata en línea", un grupo de profesores de filosofía escribió en una carta de protesta en abril.

La carta fue dirigida a Michael Sandel, renombrado profesor de gobierno de Harvard, cuya materia "Justicia" está programada para ser impartida en la universidad californiana a través de la plataforma de edX. Los profesores, quienes se han rehusado a fungir como asesores para la materia, apelaron a Sandel a sumarse a su causa, argumentando que el paso hacia los MOOC "trae gran peligro" para su universidad y atenta contra la diversidad de saberes a nivel global.

En comentarios hechos al periódico The Chronicle of Higher Education, Sandel dijo no saber mucho del arreglo entre edX y la Universidad Estatal de San José. Pero afirmó que la universidad no debería obligar a sus profesores a utilizar material de los MOOC. "Lo que menos quiero", dijo, "es que mis cursos en línea sean utilizados para perjudicar a mis colegas en otras instituciones". Por su parte, funcionarios de San José aclararon que la participación de los profesores en los MOOC sería de forma voluntaria.

Los profesores no se confían, y han enlistado el apoyo de la Asociación de Profesores de California, que representa a 23,000 profesores de universidades públicas del estado. En mayo, la asociación emitió una declaración a través de su página de Internet con el título "Fuegos masivos virtuales envuelven a la Universidad de San José". Citaron la entrevista que dio Qayoumi a The Chronicle of Higher Education en abril, en donde el rector argumentaba que las universidades públicas podían aprender del modelo empresarial de Wal-Mart. Según explicó, el éxito del modelo recae en la combinación de lo presencial con lo virtual, en este caso las ventas a través del Internet. "No es una cuestión de uno u otro" —dijo— "sino de cómo podemos lograr una mezcla de los dos".

Para la asociación de profesores, los argumentos de Qayoumi sólo confirmaron sus peores miedos. Y preguntaron, "¿Quiere San José ser conocido como Wal-Mart U.?" Al parecer, muchas otras universidades se están haciendo la misma pregunta.

La primera institución en rechazar el modelo de los MOOC fue la Universidad Americana (American University) en Washington D.C. En enero, el vice-rector Scott A. Bass impuso una moratoria en el desarrollo y uso de los cursos masivos en línea por parte de los profesores de la universidad. En una carta aclaratoria en mayo disponible en Internet, citó la controversia a nivel nacional en torno al nuevo modelo educativo, que consiste en ofrecer cursos en línea a docenas o cientos de miles de estudiantes con una mínima interacción con los profesores. La universidad, explicó, había decidido avanzar a través de la educación virtual de forma "cautelosa, pero deliberada". Por lo tanto, no permitiría el uso de los MOOC como substituto a los cursos presenciales o los cursos más pequeños en línea, hasta no constatar su valor pedagógico.

Otra universidad en donde se ha frenado el desarrollo del modelo es la Universidad de Amherst, una institución pequeña de élite en el estado de Massachusetts. En abril, una mayoría de profesores votó en contra de una propuesta de sumarse a la iniciativa de edX. La decisión tomó por sorpresa a muchos, ya que el consorcio incluye unas de las universidades de mayor renombre del mundo; aparte de Harvard y MIT, están la Universidad de California, en Berkeley, la Universidad de Georgetown, la Universidad de Tokio y la Universidad Nacional de Seúl. Sin embargo, los profesores de Amherst argumentaron que el modelo masivo de los MOOC no concordaba con la misión de su universidad de dar atención personalizada a sus estudiantes. "Los MOOC tienen muy buena publicidad," dijo el profesor de biología, Stephen A. George, en entrevista con el periódico The Washington Post. "Pero sin la mínima interacción humana con un profesor, ¿qué es lo que queda? Decir que ésta es educación es una afirmación difícil de tragar".

A su vez, profesores de la Universidad de Duke, en Carolina de Norte, votaron en contra de una propuesta por parte del vice-rector de ofrecer cursos masivos a través de 2U, una compañía que vende plataformas en línea y servicios de soporte a las instituciones de educación superior. Expusieron sus motivos en una carta firmada por 75 profesores y publicada en el periódico universitario el 24 de abril. "Mientras pagan colegiaturas de Duke, [los estudiantes] verían ponencias pregrabadas y participarían a través de cámaras Web —sin recibir las ventajas del aprendizaje individualizado ni la interacción con un profesor quien enseña a través de las pasiones y curiosidad de los estudiantes".

También ha surgido preocupación acerca de los MOOC dentro de las universidades promotores del modelo. El 23 de mayo, 58 profesores de la Facultad de Artes y Ciencias de Harvard publicaron una carta exigiéndole al decano de la facultad, Michael D. Smith, una mayor participación en el desarrollo de edX y de su subsidiario local, HarvardX. "Mientras algunos profesores están inmensamente emocionados con HarvardX, otros están profundamente preocupados por las consecuencias y costo del programa", dice la carta publicada en el periódico estudiantil, The Harvard Crimson. También, le piden a Smith que nombre un comité entre los profesores de la facultad para redactor un conjunto de "principios éticos y pedagógicos" que guiarían el desarrollo de los MOOC.

La carta, que coincidió con el aniversario de edX, refleja las fuertes diferencias de opinión dentro de la universidad en torno al impacto del modelo. En una declaración el día siguiente, el vice-presidente de Harvard, Alan M. Garber, ensalzó los logros de edX y alabó su potencial de "avanzar el conocimiento, promover la comprensión y servir a la sociedad". A diferencia de sus principales competidores, Udacity y Coursera, edX opera sin fines de lucro.

La controversia acerca de los MOOC llega en un momento de fuerte expansión del modelo. El 21 de mayo, edX anunció que había duplicado el número de universidades miembros de sus consorcios, a un total de 24 instituciones en todo el mundo. A su vez, Coursera y Udacity se están expandiendo a ritmos impresionantes, mientras que nuevos proveedores de MOOC están saliendo en muchos países y en muchos idiomas, incluyendo el español.

Detrás de las críticas filosóficas hay preocupaciones de orden pragmático. Si los estudiantes pueden aprender a través de cursos masivos en línea, que son gratuitos o muy baratos, ¿por qué van a pagar decenas de miles de dólares para una educación presencial? La respuesta, insisten los defensores del modelo tradicional, está en el valor agregado que da la atención personalizada del profesor y la interacción con otros alumnos.

Para proponentes de los MOOC, éste es un argumento difícil de sostener, cuando muchas materias impartidas en las universidades de renombre, como Harvard, toman lugar ante grupos de cientos de personas, y en donde la interacción con el profesor es mínima o inexistente. Inclusive, en el caso de la Universidad de San José, hay razones para pensar que los estudiantes inscritos en los MOOC aprendieron más que sus contrapartes en cursos presenciales. En un experimento en el otoño pasado, la universidad impartió un MOOC sobre circuitos eléctricos a través de edX. De los que tomaron la materia de forma virtual, 91 por ciento lograron aprobar la materia. En contraste, de los estudiantes que tomaron la materia a través de dos profesores de forma presencial, sólo aprobaron 55 por ciento y 59 por ciento, respectivamente, según reportó la universidad.

No obstante, críticos del proceso en San José cuestionan los resultados del programa piloto. Señalan que los estudiantes inscritos en la materia piloto invirtieron el doble de tiempo que sus contrapartes —lo opuesto de lo que generalmente sucede con los MOOC. También, notan que el MOOC fue patrocinado por la fundación del megamillonario Bill Gates, uno de los grandes proponentes del modelo; Gates presume de haber abandonado sus estudios de licenciatura en Harvard para formar su propia compañía.

Quizás no estaría mal que las instituciones de educación superior emularan el espíritu innovador Microsoft, pero no así sus prácticas monopólicas. De otra forma, las universidades perderán mucho de lo que les hace distintas y valiosas. Es decir, se convertirán en Wal-Mart U.


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